22044-Historias_y_escritos_by_Edo.
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Edo 12321
Últimamente, y por alguna razón mística que desconozco, empecé a leer y escribir historias con más frecuencia. Es por eso que abro este espacio, en dónde voy a poner todo lo que escriba y crea que es lo suficientemente decente como para publicarlo por estos lados.

En las noches de luna llena todo puede pasar: dos historias cortas de amor
BJ:

Mi vida carecía de sentido hasta entonces, hasta ese maravilloso momento en dónde finalmente, y contra todo pronóstico, finalmente nos besamos. Sus labios emanaban una apacible tranquilidad y ternura que fue suficiente con rozarlos para que todos mis paradigmas y visiones de la vida. Dicen que el primer beso es algo que uno nunca olvida, pero nunca me hubiese imaginado que se trataría de algo tan exquisitamente perfecto.

La luna, que acompañaba tan dichoso momento en su máximo esplendor –pero escasamente cubierta de un manto gris de nubes que la hacían perder parte de su grandiosidad-, iluminaba su rostro otorgándole así un brillo y naturalidad casi inexistentes, además de concederle a sus ojos un fulgor comparable con el del sol. Sus manos yacían sobre mi cuello, acariciando con una suavidad sugestiva mi nuca.

Muchos dirán que es amor, y tal vez lo sea, pero después de haber afrontado un sinfín de frustraciones amorosas no puedo entregarme del todo a esa palabra, es algo muy difícil que intentaré afrontar. Pero este no es el momento. No, este es el momento de disfrutar mi presente y dejar de lado las oscuras sombras de mi pasado. No puedo cambiar nada de lo que pasó, pero si puedo moldear mi futuro a través de ésta tranquilidad inmensurable.


LO:

A lo largo de toda mi vida he vivido en un sinfín de ciudades y países diferentes, por lo cual nunca me he podido asentar y buscar mi destino en un lugar, lo cual me llevó inevitablemente a convertirme en una persona fría y hasta carente de sentimientos verdaderos. Los amigos y los amores eran cada vez más pasajeros, lo cual me atormentó durante muchísimo tiempo. No fue hasta que llegué a San Carlos de Bariloche, al sur de Argentina, que mi suerte empezó a cambiar y mi existencia tomó un cambio favorable en muchos sentidos.

Cursaba mi último año de secundaria y pronto tendría que asentarme en una ciudad o estado fijo para cursar alguna carrera universitaria, aunque poco claro tenía lo que me gustaba y/o quería hacer. Fue entonces, en una hermosa noche de luna llena, cuando finalmente todos mis problemas sucumbieron ante los encantos de la mujer más atractiva que conocí: su pelo era de un color tan negro que se camuflaba en la oscuridad y hacían resaltar unos enérgicos ojos de color verde, qué hacían que su mirada se volviera más profunda y agradable.

Esa misma noche me acerqué a tan encantadora joven, extasiado por su imponente estilo -el cual probablemente se veía maximizado por el reflejo natural que proporcionaba la luna-, y me propuse conocerla. Gracias a dios tomé esa decisión, probablemente fue una de las mejores –la mejor, qué digo- que tuve en un considerable lapso de tiempo. Ahora estoy disfrutando de una persona maravillosa, cuya alegría contagia a todo el mundo y me hace sentir una mejor persona, libre de presiones y con una proyección de vida mucho mejor.